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Friday, August 08, 2014

TABAQUISMO: ¿TABACO PROMUEVE EL SUICIDIO ?

PSICOLOGÍA

¿El consumo de tabaco promueve el suicidio?

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Los fumadores tienen más probabilidades de suicidarse que las personas que no fuman, tal como han mostrado diversos estudios con anterioridad. Esto se ha venido atribuyendo exclusivamente al hecho de que las personas con dolencias psiquiátricas, que tienen una proporción de suicidios más alta, tienden también más a dejarse llevar por las adicciones, incluyendo el tabaco.

Sin embargo, una nueva investigación realizada por el equipo del psiquiatra Richard A. Grucza, de la Escuela de Medicina de la Universidad Washington en San Luis de Misuri, Estados Unidos, ha desembocado en una conclusión inquietante: el propio acto de fumar incrementa el riesgo de suicidio. En el estudio se ha comprobado, entre otras cosas, que las políticas para limitar el consumo de tabaco en una zona reducen la tasa de suicidios en esa misma zona. El fenómeno se ha detectado en Estados Unidos, sobre cuya población se ha hecho el estudio, pero parece razonable suponer que debe existir en muchos otros países.

Concretamente, el equipo de Grucza ha constatado que en los estados que aplicaron impuestos más altos sobre los cigarrillos y políticas más estrictas sobre la limitación de fumar en lugares públicos, la tasa de suicidios disminuyó significativamente con respecto al promedio nacional. Los investigadores lo han podido incluso calcular en términos monetarios: Su análisis muestra que cada dólar adicional en los impuestos sobre el tabaco estaba asociado a un 10 por ciento de descenso en el riesgo de suicidio. Las prohibiciones de fumar en interiores también estaban asociadas a reducciones del riesgo.

El equipo de Grucza analizó los datos recopilados a medida que los diferentes estados tomaron decisiones distintas sobre los impuestos al tabaco y sobre limitar cuándo y dónde podía fumar la gente. Desde 1990 a 2004, los estados que adoptaron políticas de control del tabaco agresivas vieron disminuir su tasa de suicidios, en comparación con el promedio nacional.

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Los autores del estudio han constatado que la tasa de suicidios disminuyó en los estados de EE.UU. que aplicaron mayores impuestos sobre los cigarrillos y políticas más estrictas en la limitación del consumo de tabaco en lugares públicos. También apreciaron un incremento en la tasa de suicidios en los estados que tenían menos impuestos para el tabaco y políticas menos estrictas sobre fumar en público. El mapa muestra el abanico de impuestos al tabaco desde los más bajos (azul más claro) hasta los más altos (azul más oscuro). (Imagen: Richard Grucza)

Ocurrió lo contrario en los estados con menores impuestos al tabaco y políticas menos estrictas sobre fumar en público. En esos estados, la tasa de suicidios aumentó en relación con la media nacional, durante el mismo período de tiempo.

A juzgar por los resultados de la investigación, parece que fumar podría incrementar el riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, o agravarlos, lo que, a su vez, puede influir en el riesgo de suicidio, tal como razonan los autores del estudio.  Se impone pues profundizar en la cuestión a través de nuevas investigaciones. En palabras de Grucza, es muy necesario observar  más de cerca los efectos del tabaquismo sobre la salud mental.

Wednesday, August 06, 2014

#tabaquismos21: Con esto sí que dejará de fumar

Con esto sí que dejará de fumarcancer

Despliegue completo de todas las herramientas que le ayudarán a ganar el combate. Porque el mundo es de los luchadores…

En primer lugar, el paciente tiene que querer dejar de fumar. No es como a quien le duele un codo, que se toma un Ibuprofeno y punto. Hay fármacos que funcionan, pero siempre va a ser necesaria la fuerza de voluntad (y, a veces, el paciente quiere que le den el trabajo hecho).
En general, hay dos problemas: la dependencia física y la psicológica. La dependencia física es la adicción a la nicotina, que se puede tratar de varias formas. La dependencia psicológica significa que el paciente no solo requerirá nicotina, sino que tendrá la necesidad psicológica del acto de fumar. Por ejemplo, si uno fuma al tomarse un café, el fumador asociará el café con un cigarro y pensará en fumar cada vez que se beba una taza. Eso es la dependencia psicológica, y ahí es donde entra en juego la fuerza de voluntad. La ventaja es que cuando el paciente piense en otra cosa, ese apetito desaparecerá. Lo malo es que aquí es donde el especialista pierde el control, ya que, al margen de que el tratamiento funcione, el paciente puede seguir fumando.
El primer paso es reducir la dependencia física y para esto existen tres métodos que han demostrado ser científicamente eficaces. El primero son los sustitutos de nicotina (parches, chicles, caramelos y el esprayoral), que funcionan igual: si yo soy adicto a la nicotina, esto me proporciona la dosis que necesito sin aditivos (no tiene los demás componentes de un cigarro, y la nicotina en sí no es de los más peligrosos). Así, se le da al paciente una dosis que se va disminuyendo poco a poco. Para una persona que fume un paquete diario, este tratamiento puede durar unos dos meses.
El segundo es el Bupropion, un antidepresivo que actúa en los mismos circuitos cerebrales que la nicotina. El problema que presenta son los efectos secundarios y las interacciones que tiene cualquier antidepresivo. Su tratamiento también dura unos dos meses. Este método está cayendo en desuso, pero aún se sigue utilizando.
El tercero y más usado es la Vareniclina. Salió hace unos años y es el que ha demostrado ser más eficaz. Funciona de forma similar al Bupropion, pero es más efectivo: no solo eliminaría la adicción física, sino que bloquearía la nicotina. Es decir, si a pesar de no tener dependencia física, el paciente se fuma un cigarro por su dependencia psicológica, este fármaco evita el bienestar que siente un fumador al encender un cigarro. Dicho tratamiento duraría unos tres meses y, al igual que con el Bupropion, tiene que tomarse bajo prescripción y siempre con supervisión médica.

La fuerza de los hábitos

Para reducir la dependencia psicológica, hay varios trucos que funcionan. El primero es cambiar de hábitos (si nos fumamos un cigarro con el café, podemos sustituir el café por un té las primeras semanas para evitar esa dependencia psicológica, pero el objetivo final será retomar el mismo estilo de vida que antes, o sea, que esto debe ser algo pasajero mientras estemos con el tratamiento). También hay que tener en cuenta que si uno quiere dejar de fumar, lo tiene que dejar de golpe, no sirve ir reduciendo poco a poco el número de cigarrillos, porque es fácil caer en la tentación y volver a la dosis anterior. Por último, si durante un tratamiento con fármacos necesitamos un aporte extra de nicotina, es preferible usar un espray oral o mascar un chicle que fumar un cigarro.
En cuanto al cigarrillo electrónico, es un tema polémico. Se trata de otro sustituto de la nicotina más. De hecho, los estudios demuestran que, para combatir la dependencia física, tienen más o menos la misma eficacia que los parches, porque introducen nicotina en el organismo. La desventaja es que los hábitos psicológicos siguen siendo los mismos: uno sigue inhalando (aunque no sea humo) vapor. Además, es un producto que todavía está fuera del control sanitario y no se conocen a ciencia cierta sus efectos. En cualquier caso, aunque fuera completamente sano, yo no lo recomendaría, porque no combate la dependencia psicológica. Sin embargo, muchos otros expertos no estarán de acuerdo conmigo en esta cuestión.
*Sergio Morchón, especialista en medicina preventiva y experto en tabaquismo.